Misal de la lanza

Mantras manando de mi pene hacia todos los poros del mundo. Yo rubrico, yo publico, yo LUBRICO la lanza de los sacrificios. ¿Quién será la víctima? ¿Quién habrá proferido un grito/plegaria para que la penetración de todo el Universo aniquile su ser?

Creo espejismos de sangre, de luces, de sombras, fantasmas en continua erección que fagocitan con fuego mi pecho. La mano que sube y que baja. Las imágenes que se aceleran. Todo mi ser es un mantra. Todo es orificio, todo es amor. Todo es puro. Veo receptáculos de amor dondequiera que mire. Todo es digno de mi beso. Del roce de mi cuerpo, que se tuerce y retuerce, que se arquea y contornea desenrrollándose a sí mismo para desplegarse desde adentro de otro ser. Hombre. Gran mantra llegando al punto de donde no se vuelve. Mantra duro repitiendo movimiento de sube y baja, que a diestra y siniestra dale que dale, más lento, más rápido, más bestia, más suave, por aquí, por allá, en otras posiciones, dale, dale, más salvaje, por Dios, apurate que se me pasa el micro y ¡Ahhhhhhh!

Todo es blanco.

Todo es hermoso y divino mantra.

(C) Ricardo Ortiz

Galaxias

Olas de tiempo
envolviendo tu belleza

sentimientos desdoblándose en alegría eterna

entre las abrasadoras cicatrices de mis recuerdos

y yo
quiero llenarte de estrellas
pero no puedo encontrarte.

rho

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Penetrando

Me catapultaban tus besos
tus versos

tu cuerpo era el arco que me disparaba
que me erectaba en el fuego del lenguaje
yo me catapultaba desnudo en la oscuridad de la noche
penetrando el océano de tinta que nos miraba penetrando

yo era una flecha penetrando
el glande de fuego penetrando
en las historias prohibidas que penetrando en las mentes
se abren a la delicada urgencia del abismo

y qué se puede decir de la noche
qué se puede decir del olvido

si penetrando el frío nos cierra y nos abre como si nada
como si todo se cerrara y se abriera sobre nosotros
sin identidades
sin amores
sin dualismos.

y yo paso
yo destrozo

desgarro.

 

rho

 

 

Woof posterior

Recuerdo esas danzas en las noches de verano donde del fuego del Apocalipsis no parecía demasiado. Tú prometiste bajar el sol y las estrellas y yo prometí quedarme por siempre a tu lado. Cuántas noches en vela, cuántas veces te extrañé, cuántas veces te dije te amo. El Tirano del tiempo pasó. Yo te beso en el recuerdo, pero tú ya no estás a mi lado.