Los Revelados

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Venidas del silencio, me sacian las muertes desnudas que sitúo con dientes en mi esternón.

Sombras de lenguaje me cubren como una túnica, yo levito desnudo en el bosque, errante. Soy mordido por vocablos de consuelo. Amigos con formas de demonio (mejor dicho: demonios vestidos como amigos) me arrancan el pelo y los ojos. ¡Mi novio, mi novio! El volcán sube de mi entrepierna hasta la voz, yo exploto girando, gritando, destruyo todo lo que existe.

Le hago el amor a los fragmentos y mi energía creadora hace de nuevo el mundo. Pero no perdono.

Y tu cuerpo, tu cuerpo.

Tu caída sube sobre mí.

Lleno de amor, ya no hay más afueras ni adentros.

(c) Ricardo Ortiz
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Yuxtaposición de versos

¡Ah, el infinito egoísmo estaba florido y airoso,
mientras el estudioso mundo de la adolescencia
chocaba de frente
contra las formas muriendo!

(yuxtaposición de versos de Rimbaud)

***

No quiero plantar voces en el aire
oxigenando el cielo que traslada
la hoja-imán.
Mi alpargata sexual toca hasta el último sable-cañón.

Yo grito y naufrago

 

Las carabelas sitúan las bombas.

(inspirado en Pizarnik)

El Día de la Virgen

 

No me hiciste conocer el sonido, no me mostraste la luz.

Pero tu amor me enseñó el verdadero brillo de mi voz.

* * * * * * * *

Impactado por elaborados caos entretejidos con su nombre.

* * * * * * * *

No esperar de gente grasa sutiles vocablos.

* * * * * * * *

Yo como una lechuga hecha de música.

Los peces se alejan volando. Los pájaros caen al techo del lago.

Y esta estrella como tú,
devorándolo todo.

© RICARDO H. ORTIZ

Reminiscencia Ecuménica

Image via Flickr

 

La niebla enamorada de tus manos, me tocaba. Creo que había un martillo tatuándome tu nombre mientras cantaba como un manto de lágrimas. Habían otros cuerpos tirados en el piso, desmembrados, arrastrándose, o gimiendo en el aire. La ausencia tejía un tormento con tus preciosas palabras. Llovían inventos, papeles de investigación científica. Yo los leía y descubrí en ellos que sin ti ya nada es posible.

Acá te enceguecen y te amordazan.

Aquí los muertos te pegan
y te meten sus manos hasta la garganta.

 

 

© RICARDO H. ORTIZ
Intertextualidad con poema número 29, de “El Árbol de Diana”, de Alejandra Pizarnik.

Poe-sí-ahhh

Tu nardo es como una uva.
Y es mi luz tu tambor.

* * * * * * *

Tu amor es
como una pastilla de gamexán
para mis sentidos

* * * * * * *

En la fábrica de almas
decidieron lanzar mi ser
como un modelo de prueba.

* * * * * * *

Las risas de papel tántrico giraban sangrientas.

Yo levito llorando mientras grito huracanes en sempiterna erección

* * * * * * *

Yo grito caricias neoliberales
sulfurando misterios insolubles

*****

Giro respirando números cadávericos

aborto

absorbo los colores del mundo

mientras el caos inunda el mundo

y lo deja

ciego y nefasto

pero yo estoy caliente y desnudo
por tus deseos hipócritas

voces que vienen desde el abismo a las que les digo
que estamos jugando

 

desnudo…
desnudo

desnudo al cuadrado
tu uva apocalíptica
me resignaba a un Nico de alcohol entrañable
bombillas de luz
de gloria, gloria! (gritas en la noria, gloria!)

fantasmas guturales escriben nieblas fashionistas
(gloria!)

y aspiro una gloria de cartón
recibo caricias neoliberales (enviadas por un chat) sulfurando misterios
insolubles

el avión despega
la turbina dentella y del sexo afloran
Arcanos Mayores gritando en diferido
episodios de novelas no estrenadas
mientras la vida sexual de mi amor imposible

la leo y la disfruto en expedientes foliados

 

tendría que dejar de aspirar azúcar impalpable
florecen fuegos ventriculando que chillan
mil hábitos de consumo
yo grito y me retuerzo y grito
pido ansiolíticos de muerte

pero la Muerte se pone lápiz labial violeta en sus oídos

y me pinta de negro la mente, el alma, el pene, la boca

y yo quiero tocarte

y la lluvia es un pájaro estético que me hace encerrarme horriblemente en tu nombre visible en dorado en la lucha vívida sin medida que transcurre en el precipicio de mis precipicios.

 

mi muerte ríe

antes se sentaba en un tranvía

pero ahora
está Retwitteada
e impresa

que alguien tome apuntes de mi muerte
de mis delirios
de mi caos neolingüístico en permanente erección.

 

* * * * * * *

 

mentira
el caos neolinguístico era de las abuelas de piedra y de miel
ellas
con sus ganchillos eternos
sonríen
gimen
sacan sus tetas afuera
y explotan para siempre

 

una corre desnuda con su tejido
y su aguja larga y gorda
la miel de políticos me eclipsa y me perfora
con nuevas migrañas de papel.

 

 

(C) RICARDO H. ORTIZ
NOTA: Los últimos cuatro textos fueron elaborados a partir de un Brainstorm con mi amigo Jorge.

 

Amor Pizarnik

Para N.F.

 

huesos brillantes flotando en la luna
mi costado gimiente piensa en ti

sombras, sólo sombras

hojas en ojos marchitos
mustias miradas
que descendieron
rojas y angustiosas
a ese último fin.

 

* * * * * * * *

Huir reventando en blancos
en pálidos rojos

trisados sentires

Dardos fantasmas atravesando memorias
de todos mis muertos

Inquietud y migrañas
dándome vuelta en la cama
para volverte a sentir.

© Ricardo H. Ortiz

 

MANIQUÍES DEPRIMIDOS EN LA INFANCIA


Aquí yo, haciendo política con La Muerte. Roces, suspiros, éxtasis.

Arcángeles poseídos violando mis bocas. Demonios divinos acariciando mi espalda.

Sí. Carcajadas y gritos de terror en el interior de mis vocales.

Entre fardos y poses desear muecas sensuales, pintar en la mente, fotografiar, escribir, cantar, copular, y que todo sea bello. Pero ellos seguirán siendo ángeles, ellos demonios, y yo poeta. En cualquier momento un árbol incendiado por ojos que salen del aura me hablará del destino y habrá una tele-transportación súbita al lugar donde te conocí. A ese lugar donde en cada poema te revivo.

Se actualiza mi sistema. Pero los ángeles se compadecen ya que los demonios bloquean mis diálogos emergentes: ellos también tienen antivirus. Cadenas sobre mi sexo, cadenas en mis muñecas, en mis bocas. Ellos sonríen y se acercan diciendo Estás en cuarentena.

Caen los brujos de papel crep que hablan en varios idiomas y yo quedo mudo. Se rompe la madera de mi marco interior, pierdo la erección y flotando en la alcoba aparece un crucifijo hecho con las astillas del marco. (Cristo tiene los ojos de Juan Marcos y él es la salvación, por eso canta como soprano) Los brujos de papel crep aprenden mis nombres y yo los olvido. Ellos tienen garras, pústulas, dientes filosos. Ellos han comido los sonidos del tiempo, ellos han probado el magnífico color de las vocales.

Y mi sexo es un árbol en la selva, con un hueco gigante y con una estufa de cuarzo prendida adentro por la energía que se destila al impostar el fuego con potencia impostergable. Innoble injerto magnético, lágrimas de metal imbuidas a actuar por sí solas en un poema.

¿Existe la vida más allá de la literatura? ¿Existen los poemas? Solamente quiero vidas lilas o muertes doradas y de esas no veo ninguna por aquí.

Se hace de noche. Corro entre los laberintos de un cementerio ¡y está oscureciendo! Risas de brujas en el viento. Me largaría a llorar como un niño, pero estoy desnudo y sin duda alguna los muertos correrían a violarme. Renacerían. Vendrían del pasado al presente y no los podría conjugar más en seguros y cómodos participios.

No quiero llorar pero lloro.

Una herida que se abre y me cierra.

La llaga está en el tronco del árbol, en la infancia atormentada por los soles atómicos de bombas familiares (y bla, bla, bla).

–Ese día yo estaba descompuesto y no tuve a nadie –me dije.

Hubo un silencio.

–Y como siempre, lloré. Embarrado, lloré en silencio, y nadie vino. ¿Cómo explicarle a un niño que el sexo no es la muerte; que Dios existe? Sal, vinagre, pólvora y pimienta en la quinta herida. La herida es de Dios y del niño. Y yo insulto, yo lloro y me desnudo. Y yo corro por los laberintos del subconsciente, gritando socorro, y buscando la salida como un animal.

Pero yo, el niño violado, está en el medio del cementerio vestido de blanco. Y ya se hace de noche y ni un ángel viene.

Y yo estoy solo en mi cama, y hace frío. Y quiero morir.

Pero entre jazmines y rosas, la Virgen llega.

(C) RICARDO H. ORTIZ
Todos los derechos reservados. Intertextualidad con Alejandra Pizarnik.

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