V for Vampire

Sangre.

Música.

Un rocío de sombras que me erectaba el cerebro.

 

Los símbolos aparecieron en el aire
y se vieron tantas cosas.

 

De pronto Dios. El Sol.

Como algo lejano.

Extremo.

 

Irascible.

 

Praderas Violetas

Estoy en el baño. Suena el celular. De repente: todo se llena de agua. Luego: Un escalofrío cristalino, casi irreal; suena un pensamiento triste más allá del espejo. Viene una oleada de melancolía que parece que me va a flotar; una curiosidad asesina que me atrapa, que me lleva, que me proyecta más allá del espejo.

Hablo. Mejor dicho: intento hablar. Una electrocución de pensamientos dulces me lleva más allá del más fino éxtasis.
Al atender el teléfono canto, con un color brillante, impostado. Miro al techo. Se abre un agujero negro que vomita materia. De la nada se forma una lluvia de espejos. La creación tiene la forma de instrumentos musicales. Yo floto, mirando a Dios, mirando los ángeles.

Entonces, todo explota. Y se condensa en un punto.
Y caigo. Mudo. Ciego. Sordo. Muerto.

(Nadie supo por qué, pero en todo el mundo se cortó la energía eléctrica en ese preciso instante).

 

Ricardo H. Ortiz

 

La araña y el poema

Fue cuando se me incendió el corazón, en la noche.

Comencé a hablar con Dios, desnudo, y con la cintura en llamas.

 

Mi cuerpo, por la voz de Dios, flotaba y se ondulaba como una tela. Mis ojos en trance. Yo movía mis brazos hacia abajo y hacia arriba, como conjurando.

 

Entonces apareció una araña de luz que tejió el horizonte. Yo cerraba los ojos pero todo lo veía. Lo sentía, en el fondo, adentro. De repente, todo se abrió y la música que cantaban las estrellas se detuvo.

¡Sí, oh sí! Las puertas de mi pecho se abrían y se golpeaban, electrocutándome. De pronto lo comprendí, la araña era un ángel.

 

Sus patas, orientadas al cielo, iluminaban la noche. A ella también algo se le abrió, adentro, y con un pilar de luz comenzaron a salirle querubines.

Yo estaba erecto y desnudo, tus manos desde la lejanía grababan de nuevo tu poema. Yo reía y lloraba y volvía a gritar; arqueándome, brillaba. Y cuando terminé de metamorfosearme con tu amor me di cuenta que me había salido varias patas.

 

Y que algo se agitaba y volaba en mí, por dentro.

 

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

Locura de amor

Poemas dedicados a @najle

 

 

1.

Arpegio de elixir inextrincando pérdidas en llamaradas chinas. Yo te hice el amor entre un océano de rosas.

Los cuerpos enterrándose hasta el fondo hasta que el piso se abrió de tanto Dios y apareció Dios, ahí mismo. Entonces nos quemamos, en completo orgasmo.

Un caos de mármol erecto en furioso bermellón selló nuestro destino.

 

2.

Exiliar el luminoso árbol de tus lamentos significó para mi otoño un Aleluya gigante.

 

3.

Caminar desnudo por la carretera de tu pene y luego de varios kilómetros de carne poder sentarme y pararme.

 

4.

Un móvil de policía reverdeciendo hasta enraizarse en el piso. Los cadáveres de los oficiales se vuelven flores y diademas.

Como vemos, la violencia echa sus raíces en la sociedad y sus hermosos uniformes lo hacen ver como una cosa buena y pura.

 

5.

Si todos nos amáramos un poco más, en este mundo no harían falta policías.

 

 

 

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

Pensamientos divergentes

 

Underground Mosque, Yogyakarta. Photo by Jean-Marie Hullot

 

¿Y si acabo de conocer al amor de mi vida?

¿Existe Dios?

¿Y si la vida es tan coherente como un chatbot?

 

¡¿…?!

* * * * * * *

Y si mis fluidos se vuelven café probablemente me chuparía todo.

* * * * * * *

El amor es como una luz que ilumina tu rostro a través de la puerta abierta de tu dpto.

Hasta que te das cuenta que son los chorros.

* * * * * * *

Te beso. Te lloro. Te pierdo.

Mi corazón nuclear se extingue incendiando todo lo que existe.

* * * * * * *

Tanto te amé
que de vaciarme me llené
de tu falta de carencias.

* * * * * * *

El amor es la respuesta.

La pregunta: ¿Qué quieres hacer conmigo?

* * * * * * *

¿Y si los humanos somos robots orgánicos con un programa diseñado por los alienígenas?

* * * * * * *

El amor sin sexo es como jugar un RPG en el que juntás mucha experiencia pero nunca podés subir de nivel ni aprender nuevos skills.

* * * * * * *

El sexo sin amor es como freír carne demasiado congelada.

Caliente por fuera, congelado por dentro.

Y carne. Sólo carne.

(C) RICARDO H. ORTIZ

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Oxidados Magentas

Miro adentro mío. El velador de árbol invertido incendiándose al tocar el suelo y desatando en mi mente una tormenta de fuegos artificiales.

(¿Aspiré popper?)
Yo vomito tornados, hadas y unicornios. Sobre todo mi cuerpo: Abro mil ojos.

Amaneceres de soles de sangre. Todo es rojo y negro. Amaneceres de oscuridad.

-¿Y por qué la medianoche era tan luminosa?

Por las almas en pena que alcanzaban la luminosidad. Esferas de luz muy potente cantando en el bosque de los demonios. Supernovas bailando en el oceáno de desesperación de tinta china. Las almas refulgían como ángeles, dibujaban arabescos en el aire, un lenguaje extraño que sólo Dios comprendía.

Se abrían las puertas del tiempo y del espacio, entonces las almas se iban, como pañuelos blancos, hacia la soñada eternidad.

¡¡Y yo quedaba tan pálido y desnudo cuando acontecían estos signos!!

(C) RICARDO H. ORTIZ

SEXO CON DEMONIOS

The Temptation of St. Anthony by Martin Schöng...

Image via Wikipedia

En el medio de la noche: Ojos inquietantes vampirizando mis voces.

Mi alma manando, danzando como una melodía brillante hacia sus ojos violetas y rojos. Yo veía sus colmillos, sus rostros con máscaras de maloliente oscuridad.

Y mi alma era gigante. Ellos drenarían mis energías por milenios o siglos. Yo era esa melodía brillante que iluminaba la habitación y entraba en sus nefandos seres mientras se hinchaban sus venas y se ennegrecían sus ojos.

Pero ellos no pudieron controlar mis energías y comenzaron a desnudarse. Yo tuve sexo con los demonios, haciéndolos sentir como bellísimos ángeles, mientras una orgía de almas pasaba de boca en boca. Y llegué al orgasmo saboreando sus espíritus, viendo y fusionando sus vidas, profetizando; blanqueando mis ojos y pronunciando sus nombres. ¡Hasta que se entrecortaron nuestras respiraciones y liberando todas las almas nos arrastré a un suspiro interminable mientras llegaba el grito final…!

FIN


© DE RICARDO H. ORTIZ
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