Descenso al Infierno

El otoño es una vieja muerta maquillada con rouge. Es una puta muerta, la asunción a los cielos, pintada como un retrato con un cielo negro.

No es la brutal ceguera, la de la ausencia gris, provocada por el invierno; sino los ojos trisados, llorando rojos, en un laberinto de espejos que reflejan que son puertas gigantes, que llevan a otro corazón, y a su vez a otro, siempre.

 

Luz trisada.

Ésta desciende a los infiernos para incendiar congelando a todo aquel que me aniquile, previamente.

Oscuridad.

Mi luz penetrándolo todo. Entrando por los ventanales del rostro de la vieja puta que se murió de un infarto por tocarse en otoño en una casa vacía, y se le cayó el techo y se murió.

 

Me masturbo con su cadáver, hecho de llanto y de hojas. Desciendo al infierno.

Congelo uno o tres demonios. Bajo con un vestido violeta y negro. Me desnudo al bajar. Gemidos de luz al bajar. ¡Gime la luz y la oscuridad!

La puerta por donde había entrado ahora es más larga y gorda.

Me follo a la vieja, que ahora es otoño e invierno. Le doy primavera y piedad.

Renace, flota, brilla, rejuvenece.

 

Miro alrededor. Estoy con la bruja fornicando en el centro del infierno. A los demonios les gusta observar el sexo con platea.

Al llegar al orgasmo, ¡todo estallará!

Leve temblor, terremoto, gritos, orgasmo, explosión nuclear y luz, chillidos, más explosiones; ¡aullidos!

Subo a la Tierra, todo orgásmico, lleno de luz.

 

El cadáver de la bruja sonríe, abre los ojos, me esboza un guiño.

—Me gustó —me dice. Flota, brilla, rejuvenece.

 

Yo quiero gritar, pero estoy mudo. Miro alrededor y tiemblo. ¡Todo está en llamas!

 

(Quizás en otro final, la bruja se convertía en primavera).

 

FIN

© RICARDO H. ORTIZ

 

Caída Libre

 

 

 

Él estaba parado desnudo en el medio de la nada.

Pero cuando yo pronuncié “Nada” una masa negra y gelatinosa llenó todo el abismo, y la nada se manifestó, se hizo presente.

Entonces él dijo: -Nada, quiero estar con alguien. Y de esas sombras negras apareció Alguien, que a veces mentía y decía ser Cualquiera.

Así, los dos seres fueron hablando y creando el mundo. Inventaron cosas que no sabían para qué existían, pero las nombraron igual. Nadie supo de dónde sacaron la idea del sexo, de la cama, del Kamasutra, de la catapulta. Pero apareció una cama arriba de una catapulta y quisieron practicar. Furiosamente, bestialmente.

Los movimientos cortaron los hilos seguros hechos de amor. Entonces, la cama y los cuerpos fornicando fueron catapultados al aire.

Fue un Kamasutra largo e intenso, puesto que llegaron a la estratósfera. Comenzaron la caída libre y gritaban mientras ambos perdían su virginidad, la situación se aceleraba, rasguñaban, gemían, gritaban.

 

Y en el último segundo de vida, antes de impactar el suelo, llegaron al orgasmo.

 

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

En la mente de un loco

 

De la pantalla verde manaba un hipertexto erótico y mi cavidad nasal gritaba flores que follaban autobuses en amaneceres genuinos pintados con cerveza. Tan solipsista él –o sea, yo- quedaba amnésico, dispéptico, exacerbadamente montuno, voluptuosamente horadado por las imágenes terribles del papel cocido sobre la mesa, sin vergüenza, sin vidrio, en el yate naranja. En el resol, vibraba mi esternocleidomastoideo mientras leía efemérides y me sentía como un hereje poseído por la verborragia y ya transmutaba a una meretriz que se introducía cenizas por el ano. ¡Oh, el poder de los muertos!

Las cortinas sobre la pintura mate me hablaban y ejercían sobre mí su labor laboriosa. Labios de tetera comiendo ñoquis mientras la fornicación de la música leída en la pantalla Braille susurraba al Arquitecto. Alguien, en algún lugar del mundo, estaba creando un homúnculo. No. ¡Una plaga de homúnculos! El íncubo se presentó, yo era su cónyuge. Otro súcube nos esperaba en el catre, deseante de la cópula que ya se difundía adentro de mí como una matástasis. Me liaron con coyundas psíquicas, mi hipófisis funcionando con supremacía sexual, el electromagnetismo metapsíquico me convertía en zahorí.

La voz del médico:

-Lumínile, Lumínile, ¡aplica la epidural, rápido! Todo se hundía en la blenorragia arquetípica, y yo quedaba así, atávico, ayurvédico, hipnótico, resplandeciente.

La liberación de todos mis avatares con el poder de los psicofármacos me resultó insuficiente. Al lado de los carcamales de los enfermeros aniquilé mi superyó modoso, entonces di a luz una brutal reacción exotérmica originada por la entropía sináptica que el blanco tiempo me había obsequiado.

 

Y todo fue muerte.

 

 

(CC) EL SONIDO DE LOS COLORES DEL TIEMPO.

Creado luego de un brainstorm con Pepe Mantero.

#DefinicionesDe algunas cosas

 

CULIPANDEAR: Tener sexo anal en lo “pandito”.

MIXEDEMA: edema que tiene la costumbre de remixar las canciones o de generar dolor al ritmo de un mix de temas.

MITOMANÍA: Cualidad inherente al hombre que se manifiesta cuando le preguntan la longitud de su pene.

PROCAZ: Único adjetivo calificativo que tienen en común todos los fanáticos religiosos y que se esfuerzan por intentar ocultarlo, generalmente con resultados fallidos.

TABERNÁ-CULO: Ano muy dilatado que suministra alcohol a los perversos sodomitas.

WTF: monja pegándole a un indigente mientras los sacerdotes lo orinan.

 

(CC) Ricardo H. Ortiz