La Intención de la Sangre

Sucedió un día de muerte.

Yo comía las frutas de las almas. Al morderlas, las almas chorreaban un líquido azul, violeta, suave, espeso; como yemas de huevo que caían como gotitas, como campanillas, sobre mi relinchante cuerpo desnudo.

A cada rato parecía que me iba a evaporar. Toda mi cabeza era un hongo gigante, aceitado, suculento, precioso. Todo mi ser estaba dispuesto para el más furioso de los casamientos.

Como siempre, tenía hambre. Señores desnudos, con sobretodos oscuros, venían a traerme legiones de almas. Yo me relamía, flotaba hacia ellos, con los ojos en blanco y el pene en llamas, como invocando anillos de fuego y aire sobre todo el planeta. Todo mi cuerpo era una supernova. Ya no podía brillar más.

Yo rugía y relinchaba, relinchaba, relinchaba.

Los caballos y los vampiros se desenroscaban en mi sangre.

 

(c) Ricardo Ortiz

 

Immortality

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Sexo con el vampiro

A la medianoche, las suaves magnolias de plata y de acero nos penetraban en el rojísimo bosque.

Nuestra sangre era negra y casi reíamos. Nuestros ojos eran negros y casi aullábamos…

Las sombras se unían a nosotros como tentáculos. Veíamos en el cielo un glifo de luz y nos veíamos desnudos, pero nuestros cuerpos se llenaban de ojos.

De repente, aparecíamos crucificados en un mar de sangre. Mi corazón caminaba lento y despacito. Entonces todo parecía quedar atrás, lejos, en un olvido.

 

El de los ojos rojos nos chupaba y yo reía.

 

(C) Ricardo Ortiz

V for Vampire

Sangre.

Música.

Un rocío de sombras que me erectaba el cerebro.

 

Los símbolos aparecieron en el aire
y se vieron tantas cosas.

 

De pronto Dios. El Sol.

Como algo lejano.

Extremo.

 

Irascible.