Misa Final con Serpientes en la Juntada Nudista

Los cuerpos cantaban. Hablamos de cualquier cosa, comimos, charlamos, apagamos las luces para ver algo en la computadora.

Pero los cuerpos gritaban, los sexos se pusieron a brillar. Los penes querían ir de visita a los recónditos más oscuros del bosque, ellos solos jugueteaban, serpenteaban, se lubricaban; se procuraban una familia, una madre, que fecundaban en sueños, y entonces se recreaban a ellos mismos, saliendo hermosos, enormes y divinos, del seno de sus madres.

Salían ya circuncidados, y con el borde del glande labrado con topacio y oro; el repulgue había sido estilizado, parecían confituras, alhajas, herencias antiguas (sin duda), la dote de la novia, con glasé de diversos sabores que todos querían probar.

Por las dudas, yo me persigné tres veces, ¡habían habido tantas transformaciones!

Entonces, en la oscuridad, giré. Me quedé duro, erecto, petrificado, en el instante que vi a mis amigos me quedé lacio y de perfil. Solos, habían comenzado la novela, escribiendo con tinta espesa en un libro de paja.

Atónito, los vi entre las sombras, vi cómo las siluetas comenzaron a morderse, a probarse, a doblarse. El glasé rozaba contra el glasé, los sacramentos se rozaban, el topacio se frotaba contra el oro, y había algo que vigoroso se expandía y ondulaba.

Al rato, junté más fuerzas y volví a mirar. Parecían dos serpientes.

El cuerpo de uno llenaba todos los orificios del otro, que eran varios. Los cuerpos anudados, entrelazados. Penetrándose mutuamente. Era imposible discernir dónde terminaba el cuerpo de uno y comenzaba el cuerpo del otro.

¡Hasta parecía que habían más! El nudo continuó, creciendo y creciendo, dando chillidos, dando aullidos pequeños de placer. Yo me tuve que mudar a otra parte. Pero cada tanto, en las noches solitarias y frías, vuelvo a ese nudo para poder recordar.

(c) Ricardo Ortiz

 

c00a2313673d38e7c3a6c85cdc83d5e2

SEXO CON DEMONIOS

The Temptation of St. Anthony by Martin Schöng...

Image via Wikipedia

En el medio de la noche: Ojos inquietantes vampirizando mis voces.

Mi alma manando, danzando como una melodía brillante hacia sus ojos violetas y rojos. Yo veía sus colmillos, sus rostros con máscaras de maloliente oscuridad.

Y mi alma era gigante. Ellos drenarían mis energías por milenios o siglos. Yo era esa melodía brillante que iluminaba la habitación y entraba en sus nefandos seres mientras se hinchaban sus venas y se ennegrecían sus ojos.

Pero ellos no pudieron controlar mis energías y comenzaron a desnudarse. Yo tuve sexo con los demonios, haciéndolos sentir como bellísimos ángeles, mientras una orgía de almas pasaba de boca en boca. Y llegué al orgasmo saboreando sus espíritus, viendo y fusionando sus vidas, profetizando; blanqueando mis ojos y pronunciando sus nombres. ¡Hasta que se entrecortaron nuestras respiraciones y liberando todas las almas nos arrastré a un suspiro interminable mientras llegaba el grito final…!

FIN


© DE RICARDO H. ORTIZ
Todos los derechos reservados. 

Safe Creative #1105029117186Safe Creative #1105029117186

Enhanced by Zemanta