Frío

Me caí al espacio exterior a la velocidad del sonido.

Tenía luces amarillas en las manos.

Yo caía a la nada, a la vacuidad total, gritando frío a la velocidad del miedo.

 

(C) Ricardo Ortiz.

Caída Libre

 

 

 

Él estaba parado desnudo en el medio de la nada.

Pero cuando yo pronuncié “Nada” una masa negra y gelatinosa llenó todo el abismo, y la nada se manifestó, se hizo presente.

Entonces él dijo: -Nada, quiero estar con alguien. Y de esas sombras negras apareció Alguien, que a veces mentía y decía ser Cualquiera.

Así, los dos seres fueron hablando y creando el mundo. Inventaron cosas que no sabían para qué existían, pero las nombraron igual. Nadie supo de dónde sacaron la idea del sexo, de la cama, del Kamasutra, de la catapulta. Pero apareció una cama arriba de una catapulta y quisieron practicar. Furiosamente, bestialmente.

Los movimientos cortaron los hilos seguros hechos de amor. Entonces, la cama y los cuerpos fornicando fueron catapultados al aire.

Fue un Kamasutra largo e intenso, puesto que llegaron a la estratósfera. Comenzaron la caída libre y gritaban mientras ambos perdían su virginidad, la situación se aceleraba, rasguñaban, gemían, gritaban.

 

Y en el último segundo de vida, antes de impactar el suelo, llegaron al orgasmo.

 

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

Recuperación Poética

 

 

Hice de mi cuerpo un poema y lo publiqué en la columna de arte.

Tijeras cada tanto similares en un movimiento infinitamente periódico cortaban mis células exquisitas.

 

Aquí nada el cuerpo, corrigiéndose, entre el caos y el orden.

 

No hay nada.
Aunque sexos valientes salgan de la bolsa (de palabras).

 

¿Hay un mago?

 

(CC) Ricardo H. Ortiz