Penetrando

Me catapultaban tus besos
tus versos

tu cuerpo era el arco que me disparaba
que me erectaba en el fuego del lenguaje
yo me catapultaba desnudo en la oscuridad de la noche
penetrando el océano de tinta que nos miraba penetrando

yo era una flecha penetrando
el glande de fuego penetrando
en las historias prohibidas que penetrando en las mentes
se abren a la delicada urgencia del abismo

y qué se puede decir de la noche
qué se puede decir del olvido

si penetrando el frío nos cierra y nos abre como si nada
como si todo se cerrara y se abriera sobre nosotros
sin identidades
sin amores
sin dualismos.

y yo paso
yo destrozo

desgarro.

 

rho

 

 

Me alumbras

Incesante y fascinado
yo viajo en el fuego

mi memoria vuelta poemas
mi ser henchido de palabras que tú haces
en el fondo de mí

 

yo recuerdo tu mirar
tus ojos son el candado más puro.

 

rho.

 

E. D.

 

Invoqué un sol en la noche
y me vestí con su fuego de exterminio.

* * *

Cuerpos bailando en la noche
que podían sólo gozar
de a dos personas

 

una propuesta silenciosa

 

algo inesperado
(misterioso)

 

tres máscaras cantando presagios
en medio de la noche

y desnudo en tus brazos te digo:
—por vos, yo sería diferente.

 

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

Sexo con poderes mágicos

Sylvanas (Castle Age Hero) by Genzoman

 

Se perseguían desnudos por todo el departamento a la velocidad de la luz. Era muy difícil atraparla, apoyarla, penetrarla y cuando él lo lograba, ella se conviertía en murciélagos con ojos rojos que le chupaban la sangre.

Él se cansaba, se tiraba un par de auras y pronunciaba varios encantamientos para la celeridad, fuerza, destreza y excitación. No se sabía si quería hacerle el amor o matarla. Y dejarla ahí, desmembrada y desangrándose en la cama.

¡Pero ella revivía, siempre! Se levantaban sus cenizas en el aire, y entre su carcajada y el coro de ángeles (dominados por ella) uno podía confundirse. Entonces él la atacaba nuevamente con fuego, aire, agua, tierra, ¡vergas! Flotando en el aire, invocó mil espadas mientras gritaba: ¡Muere!

 

Ahora ella revivía por tercera o cuarta vez, y estaba desnuda, sólo usando un collar de esmeraldas. Entre sus tetas, su talismán hervía de magia. Del aire generó un báculo de oro, hielo y polvo de diamantes. ¡Y lo atacó con una tormenta de rayos!

Lo mató, lo revivió, lo continuó matando. (En la cama, siempre)

¡Hasta que se sentó sobre él y le hizo la más poderosa de las magias!

 

Y cuando ella hubo acabado, no lo revivió. Sólo lo colgó en el cielo, honrando el poderoso orgasmo.

Luego, salió caminando desnuda a la calle para buscar a otro. Ella era perfeccionista: siempre buscaba otro para terminar el dibujo de alguna constelación.

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

Muladhara Magic

Dedicado a F. R.

 

Prana

bocas que se tocan
sin tocarse

pezones pellizcados
sin tocarse

mentes que se cruzan
sin hablarse

 

éxodo
funeral del cuerpo

terremoto en un eclipse en un estado / de celo incierto

playa de lo sentidos
volcán impostando canto barroco
huracán del cuerpo

 

bocas que se muerden
sin besarse

mil trompadas ejecutadas y recibidas
sin golpearse

ojos devorándose
sin mirarse

 

prana

fuego

eclipsándolo todo

 

penetrándolo todo.

 

© Ricardo H. Ortiz

VIERNES 13/MAY

Cuando retrocedían las sombras
lo vi

ojos de corazones (y corazones de ojos)
tejían un arpa,

mi amor se incendiaba
en la incertidumbre de la vida

y mi ligereza comprendía
que yo amaba un ángel.

* * * * * * * *

Noche, frío, noche. En frente de mi cuerpo desnudo, una luna de queso. Se manifiestan los seres de lumínicos fractales. Yo corro por el laberinto, hago de cuenta que quiero jugar, que quiero salir, pero conozco la salida. Mi mente crea laberintos alternos. Universos paralelos donde yo puedo seguir corriendo.

Escucho respiraciones y me asomo.

Cuerpos rozándose en lugares de sombra. Noche, fuego, noche. Manos que se funden en un entramado perfecto, telas rasgándose, ropas y cuerpos en forma de mareas, espíritus que vienen y van en sublime éxtasis. Yo grito Dios mío hasta que me sale del cuerpo un furioso par de alas.

Luego sigo corriendo desnudo por el laberinto de queso. Yo libero mis ratones.

Y cuando el gato no está me doy cuenta que todavía amo a un lobo. Mi cuerpo se abre, todo lo demás se cierra.

Entonces, el deseo regresa. Como siempre. Así que vuelvo a esa habitación en llamas.

* * * * * * * *

Y yo
y las máscaras
y las negras voces
que siguen corriendo
en mi habitación en llamas

y la carne
y los pedazos de cuerpo de ese hombre
vestido de fuego y de noche
que dice
“ven, toca, muere”

y luego se ríe

pero dónde estás amor?
por qué esa horrible expresión
oscura y nefasta?

(C) de RICARDO H. ORTIZ

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LA DEL GRINGO

De nuevo El Gringo. Después de una noche de sexo violento, nuestros anos parecían ilesos.

 

Irónicamente mágico fue despertar en una cama de flores al lado del Dios del Sexo.

Había sido tan buen macho que al momento de eyacular le habían salido cuernos. Miré su pene. Ahora tenía escamas filosas y brillantes, mi sexo estaba gigante y ambos sudábamos en la exaltación de la locura.

Yo quería morir así todas las noches, que él me matase y morir de nuevo. A él le salieron alas de fuego y me poseyó en el aire cual oda al porno violento.

 

Mi anaconda flotaba sobre la cama, dividiéndose en tres o cuatro vergas que nos violaban por todos los orificios, llenándonos de puntitos de luz adentro. Así llegaba el temblor, la supernova, y proferíamos un grito eterno.

Incendiados, caíamos muertos sobre el colchón, listos para renacer y morir de nuevo.

* * * * * * * * * * *

Era algo increíble, algo irreal. Viajaba gente de todo el mundo para vernos, sacarnos fotos o filmarnos.

Sin hacerles caso, copulábamos por siempre, sin poder evadir nuestras malignas sonrisas.

FIN

 

(C) RICARDO H. ORTIZ