Un poco de entropía

 

Estaba caminando hacia el otoño, en eso aparecí yo (en tercera persona) gritando: –¡Hurra! ¡Hurra! ¡Mi tío tiene pene!

Floreció todo el mar, dando a luz diademas. Yo iba caminando para mi trabajo, aunque en dirección opuesta. Me encontré con el mismo chico de siempre, a la hora de siempre, me saludó como siempre. Resbalando me caí al piso y yo reí a carcajadas. Me arranqué la ropa y me revolcaba desnudo en la nieve. Era luna llena. Le hice el amor a Jacinto, penetré a Pedro. Me dejé penetrar por Juan.

Y luego yo terminé de perfil y quedó el mundo en llamas.

 

Entonces todo fue diferente.

 

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

 

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La Astucia de la Demencia

 

Nicómenes Yocasto y Melpómenes Espírrigun se despeinaban, dorados de la ira, mientras se rompían el arcoíris.

Yo entré en soliloquio noctilucente: –En el ajedrez, la casilla del orgasmo es D2. ¡Jaque mate a la verga!

–¡Cállate, enfermo!

–Te voy a tocar el tablero hasta que todas las piezas estén cubiertas con crema de leche.

–Basta, ¡Dios! –dijo Conchita Falótico, mientras imaginándose la situación se tocaba las tetas.

 

Yo comencé a tocar Para Elisa, con el pene. ¡Oh, gran Cojwig van Beethopij!

Cogimos todos algo, algo fue cogido por nosotros. (Voz activa más voz pasiva igual a fiesta, fiesta)

Yo cogí una manzana.

Alguien cogió un limón.

 

Hubo incluso alguien que cogió una banana.

 

Luego de comernos las frutas hasta el fondo, nos fuimos todos de la mano, saltando hacia el sauna.

 

FIN.

(C) RICARDO H. ORTIZ

Arma de Penetración Masiva

 

Teníamos sexo en el aula mientras el profesor daba clases. Ahí estábamos los dos, dale que dale, y el profesor hacía un despeje en un desarrollo matemático, mientras nuestros compañeros nos retrataban y nos sacaban fotos con los celulares. Era en la clase de números complejos. ¿O fue en la de Física, donde todos estudiamos el rozamiento?

Todos los cuerpos cuando se calientan se dilatan, dijo el profe, y se dirigió erecto a mi ano para meterme dos dedos.

Sentí sus manos peludas, la rugosidad de su piel, su entrepierna abultada, sus grandísimos dedos. Pensé que eran cuatro o cinco dedos, pero luego los conté cuando los sacaba y los metía. Eran dos.

Mis compañeros también metían y contaban, entre ellos.

Y yo fui del Profe, tres, cuatro, cinco veces.

 

FIN.

Imagen: via George Quantaince

Hechos

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Image via Wikipedia

1. Abrí los ojos. Quizás estaba en un sueño. Yo comencé a gritar y a querer huir porque estaba esposado a una cama. 2. Yo estaba desnudo. Un hombre escuchó mis gritos y entró a la habitación, desnudo, y con un látigo de cuero en la mano.

3. Le dije que haría lo que fuera si me liberaba. Entonces las esposas se convirtieron en finísimas telas que yo rasgué. 4. Él se acercó, golpeándome suave y yo no me resistí demasiado.

5. Hay un lapsus que no recuerdo.

6. Yo ya devoraba su pene y puedo asegurar que era tan rico como comerlo con salsa de frutillas. (Yo y mis traumas alimenticios) 7. Él tenía convulsiones, yo agujereaba el colchón, boca abajo, como esperando, y si soltaba su entrepierna él quedaba en catalepsia profunda.

8. Sus ojos en blanco me jodían, me gritaban Más y más.

9. Ahora estábamos parados pero él adoptaba una postura como si estuviéramos acostados. Quizás estábamos acostados y lo que se nos había parado nos hacía sentir que estábamos en un plano vertical. 10. Y si bien tenía ganas de sentarme en él, yo seguía chupando como un furioso animal.

11. Mi boca entraba y salía en la guarida de los lobos, los dragones, los demonios y los simios. Mi alma entraba y salía de la guarida de los dioses.

12. Estaba tan extasiado que puse los ojos en blanco, él también, yo respiré hondo y vi su verga, rodeada de caramelo, que apareció cada vez más nítida, lentamente. ¿Por qué tanta demora? ¡Que apareciera rápido!

13. Él estaba afeitado (allí abajo) y su rostro me recordaba a un actor. A un actor porno, claro. Él gemía y gozando me decía Dale, más, sí. Con su voz yo me corría todo, a cada segundo, pero continué chupando. 14. Su esposa estaba en una habitación continua y a mí eso no me jodía. Que me jodiera él.

15. Aún así, excitadísimo y todo yo no deseaba que tuviera problemas con su familia. O que quedara manchada su reputación de macho.

16. Quise ir a otro lugar y aparecimos en una bañera. Cuando deseé un jacuzzi aparecimos en un sauna lleno de personas como nosotros. 17. Volvimos a la bañera del hotel, todo dorado y nosotros taca, taca, taca. Parecíamos una pareja heterosexual en la noche de bodas. Sólo que íbamos cambiando los roles.

18. No sé por qué pero nosotros seguíamos taca, taca, taca, y pensé en Hëndel, en las misas de Vivaldi, en los coros de monjas; y cuando entró el coro de ángeles  se incendió y murió, le seguimos dando. 19. No quiero ser profano, ¡pero por Dios, qué rica pija esa!

20. ¡Yo estaba tan caliente! Tan pero tan caliente que creí que tenía uno dos exús adentro. (Oh, sí) O una tribu de africanos en celo. 21. Todo mi ser era papa, caramelos de memmbrillo y pororó para Bará.

Pum, pum, pam, pam, y dame más, dame más, dame más papa para Bará. 22. Él me abría todos los caminos (a todo esto habíamos pasado por tantas posiciones diferentes que ya se no sabía quién abría a quién, pero él me abría todo). Mi cuerpo como una flor. 23. Él me abría los chakras, los caminos. Y yo, incendiado de muerte en la encrucijada infernal; desnudo e incendiado al lado del árbol yo pedí piedad. Pero a quién engañarle, yo quería más, así que el Universo respondió y todos los objetos de la habitación se convirtieron en hombres.

25. De repente me vi envuelto en una hermosísima y bravísima orgía multitudinaria. Y ojo, digo hermosísima y bravísima no porque me gustaran esas cosas, sino porque todos los hombres eran divinos y bravos.

26. Todos afeitados, y con la verga gigante, presta, pectorales y bíceps envidiables, y claro, sí: un rostro hermoso adornado con la sonrisa perfecta.

27. Qué decirles. Me desconcentraba tanta cópula (con vergas monumentales) que ejecutaban los movimientos al ritmo perfecto. 28. Los cuerpos ubicados como cinco líneas onduladas; y el ritmo, el movimiento, los gemidos y los silencios posteriores formaban una música. 29. Pum, pum, ah. Pum, pum, ah. El sexo como sinfonía astral y etérica.

30. Llegó la coda. Nuestros cuerpos brillaron y temblaron anunciando la proximidad del orgasmo último y total.

31. Se llenó de cámaras y se hicieron presentes los ángeles (tapando sus erecciones con violines y harpas). 32. La habitación comenzó a temblar, el mundo comenzó a temblar, todas las personas del mundo gritaron y en una eyaculación bestial los radares de una civilización alienígena descubrieron que había vida en nuestro planeta.

33. Y (por culpa mía) vinieron a cogernos.

FIN

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Encuentro Nocturno

Puerto Madero and the Moon

Image by lrargerich via Flickr

Amor:
dos calas rozando mi tallo
en un futuro incierto

noche luz sombras

todo se arma
y se desvanece

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

 

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La furia del ángel

Ángel

Image via Wikipedia

El zorro y el panda parecían plateados. Cuando rugieron me asusté, y de un salto fui a parar a la nube… ¡Había un ángel!

Dormí y sollocé en el viento, me hice flores y rocío. Alguien me abrazó. Sí. Era el ángel. Sentí cómo incendiaba todo mi cuerpo. Vi cómo me salieron hermosas alas. Entonces se fue.

Me quedé varios días llorando su nombre. Estuve dos semanas en el cielo, llorando, desnudo. La gente caminaba y decía “¡Llueve! Pero hay sol, se está casando una bruja”. A lo que incrédulos añadían: “¡Mira el cielo, es un ángel!”, como si hablaran de Super Man o Batman. Ellos son superhéroes, no sufren. A mí me acababa de dejar el ángel.

 

Pasaron muchos días y ya estaba aburrido. Bajé. Lo primero que hice fue rugirles al zorro y al panda hasta que quedaron momificados del espanto.

Entonces pasó un caballero. Iba con espada y armadura, como en los cuentos.

–¿Aquí qué pasó? –dijo.

Sin más preámbulo y abriendo las alas, le dije: –¡Estoy buscando un hombre!

 

Vi cómo comenzaba a sacarse la armadura. La espada le crecía y se le hacía más gorda, esto me asustó porque vi en ello una ominosa señal. Clavó su espada en un árbol y éste dijo “¡Ahhh!”, dando a luz frutos increíbles. Él seguía quitándose la armadura. Dejó el escudo en el piso. Se sacó las botas, y comencé a percibir su aroma a sangre y macho –recordé el perfume de Lady Gaga.

Estábamos en el bosque pero alguien nos puso música acorde. Cantaban colibríes.

¡Entonces sucedió! El hombre parecía un toro, un rinoceronte en estampida, aunque estaba quieto. Se incendió, convirtiéndose en un demonio, un demonio sexual que me ultimaría por siempre. (Mi casa de la infancia estaba en ruinas; la espada y el árbol, en llamas)

Estaba tan erecto y desnudo que podría haber llegado al orgasmo con solo mirarlo. Pero cerré los ojos y lo abracé.

–Por favor, quédate a dormir conmigo.

Como no era muy despierto, él contestó, con el cuerpo en llamas:

–No conozco a nadie que se llame Migo.

–¡No, imbécil! Quédateadormirconmigo –Se lo dije todo junto para que entendiera rápido. Y él comprendió. Su cuerpo se apagó, volvió a la normalidad y su espada salió del árbol. Lo abracé más fuerte y le dije “Abrázame el alma”.

Y dijimos “Ahhh”.

 

Los violinistas patinaban sobre hielo alrededor de nosotros, en hermosas coreografías. Un rayo de luz iluminó nuestros cuerpos desnudos.

El caballero comenzó a transformarse, cuando le di un beso le salieron alas y me dejó.

 

Yo lloré dos semanas y salí corriendo a buscar a alguien.

No a alguien que le gustara Micuerpo, sino alguien que durmiera con Migo y que no fuera mi ángel de la guarda.

 

FIN

 

(C) de Ricardo H. Ortiz
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INTERTEXTUALIDAD CON MAROSA DI GIORGIO

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“Elige tu propia aventura”

 

Si quieres que te toque,
tócame.

Si quieres que te bese,
bésame.

 

Y si quieres que te coja,
bueno…

 

 

RICARDO H. ORTIZ

NOTA: “Coger” en Argentina es “Follar”.