Sexo con el vampiro

A la medianoche, las suaves magnolias de plata y de acero nos penetraban en el rojísimo bosque.

Nuestra sangre era negra y casi reíamos. Nuestros ojos eran negros y casi aullábamos…

Las sombras se unían a nosotros como tentáculos. Veíamos en el cielo un glifo de luz y nos veíamos desnudos, pero nuestros cuerpos se llenaban de ojos.

De repente, aparecíamos crucificados en un mar de sangre. Mi corazón caminaba lento y despacito. Entonces todo parecía quedar atrás, lejos, en un olvido.

 

El de los ojos rojos nos chupaba y yo reía.

 

(C) Ricardo Ortiz

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