Llanto

No enmarcar calorías en la niebla
no agitar las manos en un tifón de rosas

un castigar ruidoso ríe creciendo
detrás de silencios robados al instante
en el que alienígenas juegan

 

ponche amarillosucio
acaricia alcobas fervientes

siete dioses elevan diez rezos

para cada uno de estos maniquíes
que se deshacen al tiempo.

 

Ricardo H. Ortiz

 

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