Praderas Violetas

Estoy en el baño. Suena el celular. De repente: todo se llena de agua. Luego: Un escalofrío cristalino, casi irreal; suena un pensamiento triste más allá del espejo. Viene una oleada de melancolía que parece que me va a flotar; una curiosidad asesina que me atrapa, que me lleva, que me proyecta más allá del espejo.

Hablo. Mejor dicho: intento hablar. Una electrocución de pensamientos dulces me lleva más allá del más fino éxtasis.
Al atender el teléfono canto, con un color brillante, impostado. Miro al techo. Se abre un agujero negro que vomita materia. De la nada se forma una lluvia de espejos. La creación tiene la forma de instrumentos musicales. Yo floto, mirando a Dios, mirando los ángeles.

Entonces, todo explota. Y se condensa en un punto.
Y caigo. Mudo. Ciego. Sordo. Muerto.

(Nadie supo por qué, pero en todo el mundo se cortó la energía eléctrica en ese preciso instante).

 

Ricardo H. Ortiz

 

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