El Templo de las Calas

Cae la noche como una cala blanquísima y gigante.

Mi alma gime como en un cuento de hadas.

De mi sexo cae un polvillo fino, dorado y blanco. Dicen los que probaron que es alucinógeno y adictivo. Que inspira la locura, ¡el terror!

Yo hice una genuflexión en el Templo de Calas.

Yo estaba brillando con mil luces, cuando todo se apagó.

 

(C) Ricardo H. Ortiz

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