La Videncia

Santa Muerte, imagen via Wikipedia

 

He venido de entre los muertos.

Y por ello me refiero a que alguien me sustrajo de esa pequeña muerte llamada siesta. Claro está que mi mente estaba sumida, inmersa, sumergida, en algo tan negro y tan gris como un cementerio.

 

Ruidos. Voces.

El vampiro estaba durmiendo y alguien osa interrumpir su eterno letargo. Se derramará sangre. Se esparcirán manos, pies, caderas.

Lejos de mi madre. Mi cuerpo vuelve en sí como si fuera el nacimiento. Mi cuerpo casi flota al teléfono, mi cuerpo se abre como la seda. Alguien del otro lado del teléfono me habla de brujos.

Me habla de magia, de Tarot, de lluvia. Yo logro hechizarla. Por un momento yo creo que está llorando. No he dicho una sola palabra y casi está llorando. Pero hablo. Rompo ese silencio asfixiante que se lleva las almas en su carnaval de olvidos.

 

Abro la boca. Todas las bocas del mundo hablan. El teléfono tiembla, el techo tiembla, la cama y la mesa piden piedad. Corto. Espero no haberla cortado a ella cuando corté ya que me había despertado un poco vidente y un poco brujo.

 

En mi mente, el granizo. Debo haber soñado con el granizo y haberlo olvidado. Debo haber soñado con un amor perfecto y lo había olvidado. En mi mente: una pareja haciendo el amor bajo el árbol; imágenes de lluvia.

Minutos después, comienza el granizo. Lo veo caer mientras de paso observo esa horrible casa fúnebre. Siempre quise pensar que los dueños de las cocherías siempre son zombies y vampiros. Qué patético. Morirse con semejante piedra.

No es que el muerto entienda de granizo convertido ya en una divina confitura (para los gusanos y los microorganismos); no es que tampoco me importe. La sensación de la muerte y la lluvia produce una doble angustia.

Si la Muerte habla, seguramente su aliento debe ser como la lluvia.

 

Y de repente, el Talmud, algo cierto: “Dios tiene tres llaves: la de la lluvia, la del nacimiento, la de la resurrección de los muertos”. Recuerdo eso mientras una pareja que hacía el amor se refugia en mi casa de la lluvia. Y te recuerdo.

 

 

(C) RICARDO H. ORTIZ

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