La Tormenta

"Dream on", by Gisela Giardino (image via Flickr)

 

Soñar que estás solo en tu casa. Parte de la mansión se volvió poesía. Portales doblemente misteriosos te llevan al tiempo y al lugar donde esa persona te esperaba por siempre.

 

Ladrones.

En el corazón del lugar, ladrones. Poco haces para que te importe o deje de importarte. Estás vestido de duelo y ya no hay hechizos de luces circulares que ascienden al cielo curando al mundo. No obstante de esta magia perdida, entran los ladrones.

–Señor, señor, por favor, no me robe.

–¡Vengo a tomar lo que es mío!

Y se llevan tu corazón.

 

Quizás hubiera sido preferible que te violen para no seguir la línea familiar de hielo de inútiles estalagmitas. Cuando cierras los ojos, todos los cuadros y libros del mundo abren los ojos.

Pero sigamos con mi destino:

Poco ya importa el dinero –la voz de un ángel dice–. ¡Tu noche es mi noche pero la nada es mía!

 

Entre dos ladrones: yo a punta de escopeta; era de noche, pero yo veía como en el día.

Se van los ladrones con mi corazón gigantesco, mi cerebro mutante y algunas joyas, por demás prohibidas. Dejan violada la puerta de entrada a mi casa-poema. Ahora mi mansión se vio disminuida a un simple departamento.

 

Lloro. Llamo a mis familiares. Específicamente a mi padre, que vive en el mismo edificio pero que siempre está increíblemente lejos.

El carrusel en mi cabeza esperaba que viniera la familia toda, pero nadie llegó. Él estaba muy preocupado sonriendo con otras familias y jugando con otros niños. Cerraba los ojos y lo veía a lo lejos, se tiraba con patitos de hule y trajes de baño con otros tres o cuatro niños rubios y de ojos azules. Temí que en algún momento él les tatuara una cruz svástica.

 

Finalmente llegó. Le digo cualquier cosa menos lo que soy. Le cuento cualquier cosa menos que me robaron. De todas maneras, poco le hubiera importado el destino de mi casa-poema y jamás él había visto estas joyas.

¡Pero esperen, oh, tengo madre!

 

Voy a la heladera donde ella duerme desnuda y le cuento todo a esa estalagmita cuando abre los ojos.

 

 

© RICARDO H. ORTIZ

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4 thoughts on “La Tormenta

    • Hay que tener coraje para entrar a mi casa-poema!!!

      Yo si fuera otro no lo haría. Pero no podría saberlo porque no soy otro, al menos sólo soy Otro cuando entro en trance. Pero esa es otra historia. Cuando escribo. Por eso las palabras son prestadas, no son mías. Vaya a saber quién habla a través de mí.

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