La muerte infinita

El destino me escribió un memorándum en el orto y firmó con tu nombre: Pasiva.

 

Me deslizo mucho. Debería dejar de pensar en frases  para decirle a ese hombre que me acosa por las tardes. No le deseo una muerte total. Sólo un demonio que venga disfrazado como la muerte, pero en su versión de señora gorda que le roba a las ancianas sus asientos en un tranvía, con la patética excusa que hace calor y tiene una hija.

Le deseo ese demonio-señora que le carcoma los sesos hasta el suicidio y le llene la mente de estiércol.

 

Pero este hombre ya es una cloaca. Así que sólo le deseo una muerte lenta, dolorosa, infinita.

 

 

(CC) EL SONIDO DE LOS COLORES DEL TIEMPO

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