Mi novia es Cthulu

 

Marcos Vergalalá estaba asombrado. Una cosa era la humedad genital pronunciada, acentuada en un momento de excitación máxima, después de un día sin ducharse en un clima tan húmedo como el del verano bonaerense, pero esto ya era demasiado. Su novia se mojaba mucho. ¡Muchísimo!

Cada vez que iban a tener sexo él se metía en su traje de neoprene y se colocaba unos snorquels. Luego ya estaba listo para entrar en la caverna de los demonios. Entonces venía el tsunami.

Ella no era humana. Parecía la hija de Poseidón. O de Cthulu.

 

Pero era él quien luchaba como los dioses para resistir los tsunamis sin ser aplastado por las olas. Y continuar, como un héroe mitológico, clavando el tridente.

 

© Ricardo H. Ortiz

 

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