Hogar de chocolate

Yo volé hacia el cielo y comencé a tener sexo con las estrellas.

Los ángeles y las lechuzas pasaron volando. Terminé desnudándome por completo sino nunca terminaría por acabar. De a poquito yo ultimaba las estrellas.

Y a los estrellos, también, porque aprendí de Cristina. “Placer para todos y para todas”. (Mucho chancho, burro y caballo, seguramente)

Me acomodaba el cabello, que me había crecido en un instante. Hablé como Evita y me vestí de luto.

Y después de copular, comencé a gobernar a las estrellas de plata, que se habían vuelto mafiosas e ignorantes. Algunas estrellas tenían cuerpos hermosos, cerebros de madera y corazones de plata. Descendimos al suelo y gritamos Libertad, libertad, libertad.

Oímos el grito de juiciosas cadenas y nos dimos cuenta que no éramos libres del sistema, de la cultura, del dinero; ni siquiera creíamos en el trabajo, en la seguridad, ni en la justicia. Ni en la equidad social.

(C) RICARDO H. ORTIZ

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