C x P!!! (CABALLO POR PEÓN, JUGADA EXCELENTE)

Yo estaba en un país muy raro. Había ido a un teatro, pero allí acostumbraban a que los actores se sentaran en los asientos y los espectadores miraban desde el palco. Era muy molesto acostumbrarse a las luces y poder ver hacia los asientos, y tampoco se podía diferenciar quiénes eran los actores porque los mezclaban también con personas normales.
En este país había muchas reinas. En el teatro pude ver tres o cuatro reinas, pero sólo una de ellas era la verdadera y era a quien iba dedicada la obra. So pena de muerte, nadie podía hacer lo que la reina prohibía, pero jamás lo daba a conocer, entonces conservar la vida era una cosa de suerte.

Una dama llevaba una flor blanca apoyada sobre pétalos rojos, que llevaba con sus dos manos, con las palmas hacia arriba. Ni siquiera ella sabía quién la había puesto así en el tablero, pero estaba vestida de reina. Cuando se cansó del arreglo tiró la flor al piso diciendo: “Me parece ridículo esto”.

Entonces la llevaron para darle muerte, ya que algo de lo que había hecho estaba prohibido.

Nadie sabía qué día era, pero sabíamos que esto aconteció después de jugar al cricket. Nadie había estado en el juego de cricket, pero era lo único que sabíamos. Entonces desde el palco, y algunos desde los asientos, tratábamos de develar quién era la Verdadera Reina. Se escuchó una risa en el aire, miramos rápidamente por todo el teatro, pero este debía ser uno de sus tantos poderes. Ella podía reír mentalmente, usando su telepatía.

Dejaron caer el telón negro y empezó la función. Entraron criadas con arreglos florales que llenaron con pétalos las palmas de las reinas. No podían desobedecer una sola sentencia, por lo cual pusieron las palmas hacia arriba y recordando el infortunio de la mujer anterior, sólo pudieron sudar de los
nervios y comenzar a palidecer. Se sentían cerca de la muerte.

Dos de estas damas del lenguaje fueron ordenadas intercambiar sus flores. De sólo decirlo, los arreglos florales flotaron en el aire, aterrizando en las palmas ajenas. Esto sucedía con un efecto mágico de lucecitas plateadas. Eran partículas de magia. Yo quería capturar una de ellas y hacerle los debidos análisis.

 

 

Me aburrí. Yo había ido con un novio, o con un amigo, al teatro. Tuvimos que montar una escena para poder salir por la puerta de los actores, aunque nadie nos mirara. Algunas leyes de este mundo no habían sido cambiadas, así que tuvimos que improvisar una pequeña obra.

Fue incómodo salir, porque como éramos caballeros tuvimos que irnos dando pequeños saltos en forma de “L”.

Llegamos al Bosque del Amor. Con otras ropas. Me sentía en una película de bajo presupuesto. Vi un pene fluorescente flotando en el aire. Pertenecía a una extraña raza que la Reina había llamado “los sexos des-sexuados”, porque eran vergas que no podían tener un pene en su entrepierna.
Hubieran sido fractales en vez de sexos, entonces había prohibido que los sexos pudieran tener sexos. Aunque había dicho “los sexos des-sexuados pueden tener sexo”, y todo ya me resultaba ambiguo.

Yo sabía que éste era un sexo des-sexuado porque además de flotar en el aire con una tonalidad fluorescente, aparecía y desaparecía, como una estrella, cada vez que decía: “Soy un pene”. Para existir en este irónico mundo, tenía que repetirlo constantemente. Era eso o la muerte. Nuestro amigo Pene Fluorescente se fue al campo de los sexos des-sexuados, que era donde los castrados plantaban sus penes bajo la luz de la luna llena. ¡Era hermoso este cultivo de penes! Un millón de estrellas brillando en la oscuridad, y cuando uno se acercaba… ¡eran vergas erectas!

Me di vuelta para hablar con mi amigo. Se había convertido en otro, aunque conservaba todas sus memorias. Lo supe porque como era mi sueño, pude leerle la mente. Además de su cuerpo, había una segunda diferencia: sólo podía caminar de a un paso por vez porque era la versión “Peón”, de mi
amigo. ¡Yo quería mi caballo!

Debía pedir con poderes sexuales el poder para volverlo al estado anterior, coronándolo a caballo.

Se crearon sobre el río puentes de agua. Las aguas del río se volvieron estancas y se llenó de flores de loto. Recordamos a Samantabhadra y luego en el aire se formó un signo transparente que yo leí como “Muladhara”. Abrí mi bragueta y sacando mi sexo afuera, vi que teníamos un tatuaje de luz que brillaba como una poderosa runa.

Supimos entonces que teníamos que desnudarnos. Le pedí a mi amigo que me mostrara su pene. Los pusimos uno al lado de otro, y los glifos de luz comenzaron a brillar.

Nuestras erecciones fueron poderosísimas. Largaron toda clase de magias y hasta la tierra tembló.

Y ni les cuento todo lo que sucedió después.

 

 

Luego del sexo, nos penetramos tantas veces, que adquirimos ilimitados poderes y eso inconscientemente nos transformó en Reinas Verdaderas.

FIN.

(C) RICARDO H. ORTIZ
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