Rito de iniciación sexual

Si algo amé de mi infancia fue mi amistad con Diego. Él me enseñó a jugar al fútbol, a las bolitas y al ring-raje. Su madre preparaba las mejores chocolatadas, y su padre era altísimo, como un guerrero gigante. Recuerdo que yo lo había tomado como figura paterna, ya que mi padre estaba muerto; no obstante, él se olvidaba de su condición de muerto cada tanto, y me regañaba o me daba estúpidas recomendaciones. Por eso yo usaba la medalla de San Benito, para defenderme de esas molestas manifestaciones.

Entonces yo corría llorando a la casa de Diego, asustado, y me recibía su padre, que estaba siempre en cueros. Él me abrazaba, sudado, y yo me perdía en esa montaña de cuerpo, en ese hombre total. Olfateaba el sudor de su pecho, ¡yo era adicto a su aroma a macho, a esa mezcla de jazmín, castaño y madera!

-¡No me deje, Papá de Diego! -yo jamás me refería a él con su nombre- ¡No me deje, eh!

Ese día tenía tan solo trece años, era claro mi destino, mi camino, sí. Él vio todo esto y dijo: “¡Ven!”. Algo se estremeció en todo mi cuerpo, y su voz siguió actuando en lo hondo, desde adentro. Yo ya experimentaba aromas e imágenes… Me quedé duro, durísimo, quieto. Quería obedecerle, pero me quedé ahí, con los ojos gigantes. De niño y de vidente.

Él repitió más fuerte: “¡VEN!” (Eco: ¡Ven, ven!). Y mi cara de orgasmo se grabó en el aire. Él me sacó la remera y en ese momento yo rompí mis bóxers. Él rió, y vi en su entrepierna que a él le sucedía lo mismo. Él me llevó en brazos a lo profundo del bosque; miraba hacia ambos lados, como un criminal, pero yo estaba entregado para el sacrificio.

Ya había caído la noche cuando llegamos a un arroyo brillante. Todo se veía fantasmagórico. Él ordenó que me desnudara, pero yo lo desvestí a él. Quedé mudo cuando vi su anaconda, su tercer pierna, en toda la magnitud de su virilidad.

Él me arrancó la ropa, me besó, y me tiró al agua. Me cogió entre sus brazos y corrió por el arroyo luminoso. Yo me sentía como un tesoro, como un botín; él iba con la lengua afuera y yo como si fuera su esposa en la noche de bodas. Al pensar esto, apareció un tul sobre mi cabeza, y él me ladraba, o me olfateaba, como sonriendo. El tul flotaba copiando las ondulaciones del arroyo. Yo seguía en sus brazos y me asomé para ver su sexo venoso, yo aullé y se incendió mi tul, ¡dejando eternas estrellitas en el aire! ¡Nunca nadie sospechó de sus orígenes lascivos y perversos!

Sólo los que se bañaban en el arroyo y accidentalmente aspiraron su polvillo lujurioso. Entonces tenían revelaciones y si estaban con alguien aullaban… ¡y hacían lo mismo que nosotros!

Llegamos a la cascada sagrada: la de los Ritos entre Varones. ¡Y él me enseñó! Me enseñó a higienizarme. Corrió la piel de mi prepucio y en la desesperación excitante salieron potentes rayos láser de mi falo. ¡Yo era un arma de fornicación masiva!

Grité: -¡Úsame, Jorge! -¡Oh, no! ¡Había usado su verdadero nombre! Él se transformó en un macho gigante: ¡su verga, sus brazos, todo era el doble de grande! Recé un Padre Nuestro rápido para pedir una buena dilatación…

Él dijo: “¡Calma, tiene poderes mágicos mi pene gigante!”. Él ya tenía cuatro metros de alto, ¡y un pene acorde! Unos diez hombres que se higienizaban en la cascada vinieron a ver dicho espectáculo.

-¡Es mío! ¡Es mío! -yo grité. Y unos cinco hombres se transformaron, como Jorge, para amarse. Y Jorge me cogió con una sola mano, me levantó hacia los aires, me tomó con ambos brazos y yo vi su terrorífica anaconda, envuelta en fuego y serpenteando en el aire…

Me clavó en ella, me perforó, y su pene salía por mi boca. Era material en la zona del ano, me penetraba todo el ser, mágicamente, luego me contaría que su tremenda verga había sido hechizada por un brujo gay. (Sí, existen brujos gays, y para la Iglesia son doblemente desviados)

Yo gritaba con los ojos en blanco. Y él me bajaba y él me subía y me volvía a bajar.

Estaba por venir el meteorito, el temblor, la monstruosa eyaculación. Entonces yo le señalé mi boca. Él comprendió. Achicó su pene y me lo metió por la boca. Sentí que me llegaba hasta los pulmones. Descargó su fluido en una explosión bestial. Por todos mis orificios vi manar su semen plateado.

Quería rasgarlo, partirlo, quería eyacularle adentro. Y vivir ahí. Mirando a otros hombres y aullando yo comencé a transformarme.

Y al despertar del trance yo vi desparramadas por el suelo sus piernas y sus brazos.

Sólo había dejado vivo a Jorge. Nosotros nos bañamos y nos fuimos de ahí, caminando por el arroyo, haciendo de cuenta que nada de eso había pasado. Aunque los dos teníamos vivo el recuerdo.

FIN.-

(c), de Ricardo H. Ortiz.

Prohibida la reproducción total o parcial de estas obras sin la autorización expresa del autor. (Está permitido compartir en Facebook y en Twitter)

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10 thoughts on “Rito de iniciación sexual

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Y por qué nunca te atraverías??? A qué se debe esa autocensura?

    O sea: está bien que no lo hagas, pero si un día te levantás con ganas de escribir lo que sea, deberías sentirte en la libertad de expresarte abiertamente. Es uno de tus derechos humanos. Nadie puede censurarte.

    Muchas gracias por tu comentario! A mí también me fascinó cómo escribes!! ^_^

    Y gracias también por ser uno de los primeros que estrena mi blog!!! Estoy registrando los derechos de autor y subiendo mis textos a medida que puedo!!! Un besote!

    R.-

  3. Que te puedo decir Rich? Creo que, como bien dices, es cuestion de autocensura. Aunque no lo parezca, porque cuento casi todo lo que me pasa a diario en el blog, soy bien timido. Tengo suerte de estar viviendo una de esas etapas de celibato semi voluntario 😉 pero cuando salga de ella tendre dos opciones: o le miento a mis lectores y sigo hablandoles de la inmortalidad del cangrejo o la reproduccion de los helechos a traves de las esporas, o le escribo algo como lo que he leido en tu blog. Vamos a ver cual personaje puede mas. Un abrazo de nuevo!

    • Te digo que las dos cosas están buenas.

      La inmortalidad alada del cangrejo es casi una metáfora!!!!!! 😀

      JAJAJA!! De todas maneras no importa cuál de las dos elijas. Esas dos cosas van a ser parte tuya. DE LO QUE SOS. Todo lo que uno escribe es como el cuerpo (soma), la última manifestación del ser. Con la diferencia que con las letras uno se inmortaliza.

      Además no hace falta que hables de sexo, ni de sexualidad. No hace falta que hablés de genitalidad. Ni que te expongas. Pero si elegís escribir algo acerca del tema, va a ser porque fue genuino.

      Y eso es lo que realmente vale!!!!!

      A mí me pasa algo similar con mis textos, por Facebook me da muchísima vergüenza subir esto. No van a entender. Se van a creer que soy un depravado, o algo. Con el agravante que todos mis familiares, amigos de la facultad, compañeros de trabajo, etc… son los que tengo agregados en esa cuenta. Más el temita de la cesión por diez años de tus derechos para que FB haga lo que quiera con tus textos… (Está en el contrato de uso). Pero me da vergüenza, a pesar que no soy tímido, pero bueno, en ese caso no lo hago porque no lo van a poder comprender.

      Veremos cuáles facetas de las personalidad va ganando!! Ya vengo! Me voy con todas mis personalidades a tomar el té! JEJEJE!

    • JAJAJAJA!!!!!! Me alegro!! No por calentar la pava del lenguaje con una voz lujuriosa, sino porque generó un efecto intenso! MAMMA MÍA! Tu comentario me dio risa, y me dio miedo!! Menos mal que no estoy ahí, con semejante erección, sino me matás a VERGAzos!!!!!!

      Hay que llamar a Manuelita, que coge en Pehuajó!!! ^_^ ROAR!!!!!!!!!

  4. Pingback: Los números de 2010 « El Sonido de los Colores del Tiempo

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