Lo Prohibido

Yo me masturbaba recordando tu nombre. Era raro, nunca me excitó tu rostro o tu cuerpo pero podría eyacular si alguien me susurrase tu nombre, a la oreja, despacio.

Mis manos ni se veían, yo estaba dale que dale y en voz alta pronunciaba tu nombre. Hubiera dicho “Qué locura, pero qué placer; qué… ¡Ahhh!”, pero ya estaba en el piso con espasmos, gritando y con los ojos en blanco. Ríos de miel y néctar condimentaban mi solitario éxtasis.

Todo eso me ocasionaban los caracteres de tu nombre, ordenados en la forma perfecta. Quizás por eso (o por los orgasmos) fue que oculté tu nombre.

Fui egoísta con mi gozo: Siempre me refería a tu persona inventando nombres, o hablaba de vos en forma genérica.

Hasta que un día me confundí con un amigo y yo quería que tuviese sexo conmigo. Queríaque fuese algo único, bestial. Entonces grité tu nombre, usando un megáfono.

¡Y toda la Humanidad gozó por siglos!

(Hasta que una mujer frígida y malvada inventó un dispositivo para cortar el orgasmo)

FIN.


(c), de Ricardo H. Ortiz
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