Acerca de los amigos

El grupo de la adolescencia

Recuerdo a mis amigos de la adolescencia. La pasé mejor con ellos que con mis amigos de la infancia. Teníamos un grupo muy unido. Siempre nos quedábamos a dormir en la casa de Alguien.

Pero a veces Alguien no podía y pasábamos la noche en la casa de Cualquiera. Alguien era más indeciso, siempre quedó con la sexualidad indefinidad, nunca nos quedó claro si él era andrógino o hermafrodita porque Alguien podía ser las veces de hombre o de mujer. (Luego nos enteramos que hasta habían palabras para ello)

Cualquiera era el más divertido, era muy travieso y extrovertido. Su personalidad ya estaba decidida al nacer porque sus padres, sin preámbulos, le pusieron “Cualquiera”.

Éramos seis amigos: Amado, Bello, Alguien, Cualquiera, Dotado y yo. Todas las noches dormíamos juntos. Actualmente ya no nos juntamos seguido. Pero me acuerdo siempre de ellos, todas las noches, cuando me acuesto en mi cama.

¡Eran tiempos muy hormonales los de entonces! En mi colchón quedaron muchos agujeros como recuerdo. Siempre dormíamos boca abajo. Con orgullo vimos cómo los diámetros pequeños fueron creciendo. Registrábamos nuestras medidas con calibre y micrómetro para no despreciar ninguna centésima, porque para los hombres esto es de vida o muerte.

Como les contaba, dormíamos todos juntos. Por alguna razón siempre preferíamos pernoctar en mi casa, a pesar que había una sola cama. Entonces tirábamos la moneda o jugábamos “Piedra, papel o tijera”. El que perdía dormía boca abajo y a veces terminaba mordiendo la almohada (que tenía aroma a fresa y miel).

Así pasó nuestra adolescencia brutal: explorándonos, queriéndonos, jugando. Pensábamos que la mayoría de lo que hacíamos era muy normal. Hoy sabemos que no lo es tanto.

Esta es la historia de los útiles agujeros en mi cama…

Cada tanto nos juntamos en casa a recordar viejos tiempos.

Y hacemos como en la etapa homosexual de nuestra adolescencia: antes de acostarnos a dormir nos medimos los miembros sin despreciar ni una milésima. Y al otro día siempre despertamos desnudos, frescos, como si nada hubiese pasado. Entonces desayunamos en la cama, luego nos duchamos, todos juntos. Al rato cada uno de ellos se va a sus respectivas casas, todos (excepto yo) tienen esposas, hijos, familia. A veces se me escapa una lágrima cuando los veo irse, y luego me voy a acariciar los agujeros en mi cama. Que todavía están tibios, con perfume a cuerpo.

Sé que nuestra amistad es más intensa que lo habitual; inclusive yo he estado enamorado de todos ellos a lo largo de estos años.  Pero todos son heterosexuales (al cien por cien), y todos siempre aseguraron que en las noches nada había pasado, jamás, nunca, así que sólo amores imposibles.

Excepto Amado, Cualquiera, Alguien, Bello y Dotado…

Y yo sigo aquí. Llorando por los rincones. Esperando la honestidad, que nunca llega. Deseando que no mientan más yo los espero en traje de baño.

Pero ellos toman cerveza, tienen familias y juegan al fútbol.

* * * * * * * * * *

Elipsis

Yo estaba algo nervioso. Me acosté en el asiento de atrás y al rato llegamos.

-¿Qué número te gusta, la 2 o la 3? -me dijeron, después de pasar la barrera. Respondí un Me da igual. Metimos el auto, el que condujo corrió el toldo y bajamos.

Yo no sabía si bajar o quedarme en el auto, pero me dejé llevar y accedí a la propuesta. Entramos los tres. Yo siempre creí que deseaba esto pero ahora estaba a punto de salir corriendo.

Apenas entramos sonó el teléfono, yo atendí.

-Cualquier cosa que necesite, nos avisa por el interno -me dijo la voz de un chileno. Se me ocurrieron varias respuestas, todas ellas irreproducibles. Yo estaba nervioso, pero si me vendían una pastilla no sería precisamente un Valium. Así que dije Gracias y colgué.

Luego sucedieron cosas inimaginables, fue una vorágine inesperada, casi insoportable, un caos hermoso, indecible.

No me arrepentí, a pesar que acabamos los trámites muy pronto. Y como siempre, me sucedió lo mismo: Deseé que hubiera transcurrido el doble del tiempo.

Esto sucedió hace un par de días, luego de irnos de copas con dos amigos. No ha cambiado casi nada entre nosotros, el trato casi es el mismo. La única diferencia es que nos peleamos con nuestras novias. Y que ahora tenemos claro lo que queremos, ahora vamos en el auto al mismo local por la segunda vuelta…

Lo bueno es que esta noche no estoy tan nervioso.

Me miran. Me preguntan si todo está bien.

Y yo les digo que sí y sonrío.

 

 

(c), de Ricardo H. Ortiz

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