La Iglesia y los niños

Yo caminaba vestido sólo con lino. Iba por el cementerio -donde los sacerdotes violaban a los niños- como un ausente espíritu queriendo salvar a los niños de un hombre bestial.

El sacerdote se sacó la sotana, tenía un cuerpo musculoso, sin igual: Era velludo, lengua bífeda, dos cuernos… ¡Tenía patas de animal!

Violaba a los niños ayudado por ovispos y pastores. Yo los enfrentaba con mi canto de ángel; el Diablo y los ovispos me atacaban con una lluvia de versículos para que no pudiese brillar.

¡Entonces Dios se enojó y se hizo presente!

(c), de Ricardo H. Ortiz

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