El Castigo

Yo cogí mi hábito.

-¡Ah, ah! -Y Fui al Bosque de los Cuerpos a podar falos y cocer valvas, bocas, vulvas. ¡Pero el cielo se incendió cuando se abrieron dos ojos azules!

Yo creí algo horrible: Quizás era una serpiente gigantesca, o un dragón. Una voz estrepitosa gritó: “¡NO!” y esto se escuchó en todos los rincones del mundo.

Todos teníamos miedo y respeto. Yo rápidamente comprendí:

-¡Es Dios! ¡Es Dios! -dije; La gente me señalaba y se reía pero yo gritaba con las manos en alto- ¡Es Dios! ¡Es Dios! ¡Él mismísimo, es…!

Pero Él vio lo que habíamos hecho con el mundo y se enojó. Destruyó las centrales térmicas y nucleares, las fábricas, las turbinas, las minas, las chimeneas… Y se fue, enojado por completo.

Entonces tuvimos que comenzar de nuevo, como evolucionados simios; ya que nuestra inteligencia se había ido. Quizás para siempre.

(c), de Ricardo H. Ortiz

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