Acerca de la producción de textos

Un día me fui a leer al bosque con mi libro de poesía. Yo iba hermoso y desnudo, con gran caos, demoníaco y deslumbrante; como un dios. En mi frente ya brillaban muchos signos que llamaron a otras palabras y yo me puse a brillar.

Experimenté una sobrecarga cognoscitiva, mi mente todo lo ardía, lo fusionaba, lo conjugaba… ¡Yo comencé a ebullicionar! Corrí hacia el lago, mi cabeza en llamas, me sumergí. Pero el lago se descontextualizó, se hizo de fuego. Hasta que los ángeles de hielo calmaron mi memoria al darme amor. Tatuaron sus nombres en mi piel, en un lenguaje antiguo y prohibido.

Pero yo interpretaba y reescribía en mí. Yo deshacía sus signos.

(c), de Ricardo H. Ortiz

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