La Pared

Había una pared hecha con muertos y muertas con corazones de diamante.

Cuando vino el temblor comenzamos a brillar. Mi tallo se erguía, ardía rápidamente, yo volvía a cantar. Yo me introducía en la destellante pared con absoluta cordialidad.

Afuera de mi casa vacía, de mi página en blanco, ululaba para siempre el viento, y estos signos eran invocados por un gran amor.

(c) Ricardo H. Ortiz

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s