La Falsa Virgen

Una falsa virgen me tejía el sexo; afligida, de a ratos me lo arrancaba y se lo llevaba para lamerlo y volverlo a coser, a ubicar.

Ella tejía bestialmente con todos los colores, era una reina y un hada, pues. Cuando tejía ella volaba y se ponía a brillar.

Mi sexo estaba quedando enorme, larguísimo, ella lo acariciaba siempre, lo perfumaba, lo envolvía con gasas y con tul. Se sentaba a tejerlo y a arrancarlo sin poderlo evitar.

Siempre me sentí fragmentado.

Sobre todo cuando ella hurtó mi sexo, mi pequeño Apocalipsis. ¡Me lo arrancó, lo devoró! ¡Ella lo hizo rubíes! ¡Lo hizo espumahhh!

Pasó mucho tiempo… Yo me iba deslizando enhiesto y funesto. De mi cuerpo salían frutos y ramas.

Mi voz creaba precipicios, galaxias, cuerpos desnudos, más apocalipsis.

Pero mi sexo y mis ojos refulgían como furiosas brasas.

Como sandías.

(c), de Ricardo H. Ortiz

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